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Descubierto un tratamiento que regenera la piel en úlceras y heridas

Un tratamiento experimental aplicado como una crema facilita el crecimiento de nuevas células que regeneran la piel cuando ha sufrido daños. El tratamiento puede ser útil en el futuro para la curación de heridas, quemaduras e incisiones quirúrgicas, así como para úlceras en personas mayores y en personas diabéticas.

“Aún no está a punto para ofrecerlo a los pacientes, pero pensamos que será muy útil”, declara Helena Escuin-Ordinas, bióloga catalana de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) y primera autora de la investigación. “Las úlceras cutáneas, por ejemplo, afectan a un gran número de personas y hoy día no se sabe cómo curarlas. Son una necesidad médica no cubierta”.

Por ahora el tratamiento se ha ensayado con éxito en ratones, un paso previo imprescindible para iniciar ensayos en personas. Según los resultados presentados en la revista Nature Communications, es eficaz y seguro para curar heridas: hace proliferar las células de la epidermis (los queratino­citos) lo suficiente para que las heridas se cierren, pero evita que proliferen en exceso y causen deformidades o tumores. “El crecimiento de la piel se autorregula”, explica Escuin-Ordinas.

El equipo de UCLA ha patentado el avance y se ha asociado a la empresa Lutris Pharma para acelerar el desarrollo del tratamiento.

El descubrimiento parte de una idea del oncólogo Antoni Ribas, especialista en melanoma y director del laboratorio donde trabaja Escuin-Ordinas. Ribas observó que algunos de sus pacientes tratados con el fármaco vemurafenib experimentaban como efecto secundario un engrosamiento transitorio de la piel. Llegó a la conclusión de que esto ocurría porque el vemurafenib activa una enzima llamada MAPK que favorece la proliferación celular. Y se le ocurrió que tal vez se podría aprovechar este efecto secundario para hacer crecer células de la piel en personas que tienen heridas. Si el fármaco se aplicaba como crema, razonó Ribas, sus efectos quedarían loca­lizados en la zona dañada de la piel.

“Me costó encontrar a un investigador que se hiciera cargo del proyecto”, recuerda Ribas. Las dos primeras personas a quienes se lo propuso le dijeron que no. Helena Escuin-Ordinas aceptó el reto.

“Se apartaba de todo lo que hacíamos en el laboratorio, que está enfocado a melanoma –recuerda la investigadora–. Pero pensé que, si funcionaba, era una gran idea. Así que me dije: ‘Vamos a probarlo in vitro, en un experimento con células. Si funciona, seguimos adelante. Si pasados unos meses no hay resultados, lo dejamos’”.

Funcionó. “Los resultados in vitro fueron espectaculares”, declara Escuin-Ordinas, que ha dedicado los últimos tres años al proyecto. Los experimentos con células confirmaron que el vemurafenib favorece la proliferación de las células de la piel y que lo hace activando la enzima MAPK, tal como había pensado Ribas. Y en los ensayos con animales se observó que, cuando se aplica una crema con vemurafenib sobre una herida, la lesión se cierra antes.

El tratamiento “restaura la función de barrera de la piel”, concluyen los investigadores en Nature Communications. La nueva piel crea sus propios vasos sanguíneos y no está inflamada. “Es piel sana y funcional”, destaca Escuin-Ordinas. Si estos resultados se confirman en personas, permitirán acelerar la recuperación y reducir el riesgo de infecciones en casos de heridas abiertas por accidentes o en pacientes que se someten a intervenciones quirúrgicas. Asimismo, el tratamiento probablemente será útil para curar lesiones cutáneas derivadas de la diabetes, señala Ribas.

A partir de ahora, el plan de trabajo prevé identificar, dentro de la familia de fármacos del vemurafenib, cuáles de ellos estimulan más la proliferación de las células de la piel. Una vez seleccionado el fármaco, se preparará en forma de crema y se solicitará autorización para iniciar ensayos en pacientes. Los primeros ensayos, informa Ribas, se centrarán en principio en acelerar la curación de incisiones quirúrgicas y en regenerar la piel de personas que han sufrido quemaduras graves.

La bióloga que soñaba con ir a trabajar a California

Cuando Helena Escuin-Ordinas se marchó a la Universidad de Saint Andrews en Escocia, pensaba que volvería al cabo de seis meses. Eso fue hace catorce años. Había hecho la carrera de Biología en la UAB y llegó a Escocia con una beca Erasmus. Al terminarla, le propusieron quedarse a hacer un máster. Al acabar el máster, le propusieron quedarse a hacer el doctorado. “Tuve muchos resultados negativos en los experimentos, pero soy muy tozuda. No me rindo cuando algo no me sale”. La tozudez, si se ejerce con respeto, puede interpretarse como persistencia. En un laboratorio se considera una virtud. Al acabar el doctorado, buscó una plaza en California porque, “desde que tenía 16 años, soñaba que un día sería científica y trabajaría allí”. Tuvo la suerte de que Antoni Ribas buscaba en aquel momento una persona para su equipo que coincidía exactamente con su perfil. Llegó para dos años. Ya lleva siete.

 

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